En la forma aguda, el signo de Romaña debe diferenciarse del edema alérgico, que
evoluciona rápidamente, como de otras alteraciones oculares (conjuntivitis, abscesos,
myiasis, lesiones traumáticas, etc). El cuadro sistémico inicial puede sugerir fiebre
tifoidea, Kala azar, esquistosomiasis, brucelosis, mononucleosis infecciosa, malaria,
toxoplasmosis.
La cardiopatía debe diferenciarse de miocarditis y pericarditis de otras etiologías. Los
síndromes meningoencefálicos deben ser evaluados considerando otras etiologías,
especialmente en los estados de inmunosupresión (corticoterapia, transplantes, SIDA,
etc)
La miocardiopatía crónica de otras etiologías debe ser investigada: viral, alcohólica, la
enfermedad reumática, isquémica y toxémica de la gestación; la fibrosis
endomiocárdica ocasionalmente debe ser investigada también.
La esofagopatía debe diferenciarse de acalasia y el megacolon de la enfermedad de
Hirschprung.
La forma congénita, puede remedar sífilis, toxoplasmosis, infección citomegálica y
rubéola. También debe evaluarse con mucho cuidado las calcificaciones intracerebrales,
las lesiones oculares y óseas, y la eritroblastosis fetal, pues pueden estar ocultando una
enfermedad de Chagas congénita.
Bibliografia:
Chagas C. Coletanea de trabajos científicos. Brasilia, Brasil. Editora universidades de
Brasilia, Brasil. Editora Universidades de Brasilia, 1981. 902. Recuperado en: http://www.upch.edu.pe/vrinve/dugic/revistas/index.php/RMH/article/viewFile/384/351
Excelente
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